viernes, 19 de febrero de 2010

Intervención del secretario general del PCC en el acto de solidaridad

No hay guerra sucia que impida el cambio democrático.

Intervención de Jaime Caycedo en acto de solidaridad y desagravio, Universidad Autónoma. Bogotá 17.2010.2

Queridos amigos (as) y compañeros (as)

Ante todo, gracias por su presencia.

Por fortuna, este año se conjugan dos grandes aniversarios. El del inicio de los hechos y procesos que condujeron a la derrota del imperio colonial español en nuestro suelo, doscientos años atrás y el de los ochenta años de la fundación del PCC.

El primero marca el paso necesario para la conformación del organismo político que encarna nuestra existencia como Estado.
Los cambios mundiales debilitaron el viejo colonialismo al calor de las luchas sociales inspiradas en la Francia revolucionaria. La guerra necesaria de entonces se coronó con el triunfo de los ideales republicanos. Se animaron los anhelos y las esperanzas de un mundo moderno con justicia, igualdad, libertades y derechos para todos.

La sociedad en que hoy vivimos muestra la enorme distancia entre el ideal y la realidad. El capitalismo mundializado se ensaña en profundizar la desigualdad, la injusticia, la ausencia de libertades, el desconocimiento de los derechos fundamentales a la salud, la educación, el techo y hasta a la propia vida.

En 1930, el influjo más o menos tardío de la primera revolución socialista en la lejana Rusia aceleró la fusión del naciente movimiento obrero colombiano y el socialismo, en una expresión de partido.

Este hecho trascendental no ha cesado de marcar la vida nacional en sus manifestaciones de rebeldía y de proyecto de cambio transformador.



Para Gramsci:

“…la historia de los partidos de los grupos subalternos es muy compleja, en cuanto debe incluir todas las repercusiones de las actividades de partido, para toda el área de los grupos subalternos en su conjunto, y sobre las actitudes de los grupos dominantes, y debe incluir las repercusiones de las actividades mucho más eficaces, por estar sostenidas por el Estado, de los grupos dominantes sobre aquellos grupos subalternos y sobre sus partidos”.

Somos de aquellas fuerzas políticas que han logrado resistir y resurgir de las decapitaciones periódicas a las que el “capitalismo criminal” ha sometido recurrentemente a los “partidos de los grupos subalternos”. La realidad ha probado que el PCC es parte sustancial de la vida del país y del pueblo.

Hoy, en América Latina florecen nuevas experiencias. Como en el comienzo de los tiempos del socialismo, los comunistas somos una parte, importante, pero solo una parte, de los procesos de reagrupamiento y de los nuevos movimientos-partidos de masas que insurgen desde las clases subalternas con la pretensión de dirigir destacados procesos de reivindicación democrático-popular, algunos de ellos en perspectiva socialista.

Somos militantes convencidos de la unidad popular como camino y como cultura de la organización y la intervención ciudadana.
Sin embargo, hoy el centro de las inquietudes de la izquierda está en el problema de la dirección política, en la que se manifieste la unidad práctica para avanzar y vencer. Recordamos, con Gramsci, que “solo la victoria “permanente” quiebra, y no inmediatamente, la subordinación” .

¿Cómo debe ser la unidad que permita avanzar en la actual encrucijada frente a un régimen semi fascista que se propone prolongar indefinidamente la crisis nacional y la guerra bajo el manto tutelar del Comando sur de los Estados Unidos?
¿De qué manera la unidad popular es también un deber de solidaridad con los pueblos y países hermanos de América Latina, con Venezuela, Ecuador y Cuba por decir los más confrontados?

Nos preguntamos: nuestro propósito como Polo es ¿solo un cambio de gobierno o un gobierno comprometido con la salida pacífica para la paz, con la reforma agraria, la reforma urbana, el empleo, la educación, la salud?

El deber de la dirección política es estar a la cabeza de la lucha por la democracia avanzada. Tal es el deber del Polo mientras tenga voluntad de ser proceso unitario consecuente con su programa de izquierda. No reclamamos solo el derecho a ser oposición desde la izquierda. Requerimos ser alternativa popular. Para ello no se necesita permiso. Lo que se exige es el compromiso indelegable en la batalla por los derechos del pueblo.

Gracias a todos los que nos acompañan en esta causa. Como secretario general del Partido Comunista Colombiano siento que ustedes expresan un profundo sentimiento de aprecio y valoración con nuestra lucha. Reciban de parte del PCC un recíproco mensaje de solidaridad.

No habrá proceso judicial o administrativo que progrese contra los comunistas y los demócratas en un momento de batalla social como el actual.

Señor Álvaro Uribe, señor Procurador: a doscientos años de nuestra independencia y a ochenta años de la fundación del Partido Comunista tengan bien claro que no hay guerra sucia que impida el cambio democrático.

Gracias.

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