miércoles, 5 de agosto de 2009

Reflexiones didácticas de Jaime Jaime Caycedo



PENSAR LA CRISIS INTERNACIONAL CON CABEZA PROPIA
La crisis internacional desatada por el gobierno colombiano a propósito de las bases militares es vista por la prensa como un cándido incidente y una demostración de firmeza de Uribe. En su interpretación, Uribe responde serenamente a las agresiones de Correa y Chávez. Dos entrevistas del presidente Correa han sido calificadas por el diario El Tiempo como “hostiles a Colombia” y de “agresivas” por otros comentaristas. Debe destacarse, al margen de los enfoques oficiales, la ponderación y la dignidad de las respuestas de Rafael Correa, que contrastan con los despropósitos del general Padilla de León, cuando fungía como canciller, de Juan Manuel Santos como precandidato, desde España y del propio Canciller Bermúdez.

Los medios solo reseñan las opiniones de los voceros del establecimiento. Es una actitud irresponsable que silencia los argumentos críticos con la pretendida “defensa de la patria”. Los partidos del establecimiento, incluida la “oposición” liberal, obran con ese patrón.

Parten de una premisa: rodear al gobierno, sin analizar y menos aún someter a la crítica la política.
¿Están persuadidos de lo que dicen? Los más lúcidos piensan que basta que el presidente salga en su improvisada gira latinoamericana a dar explicaciones. Los más obsecuentes solo repiten las frases del gobierno.

¿Para qué son, realmente, las bases? Ante la oposición de Venezuela y Ecuador el gobierno colombiano no oye razones. Maneja un escalamiento de la retórica ofensiva. La socialdemocracia española, detrás del diario El País, atiza el conflicto. El establecimiento pasa a un nuevo plano: pretende acusar ante tribunales internacionales a Chavez y Correa como “auxiliadores” de las Farc.

Dos hechos merecen tenerse en cuenta: uno, el gobierno colombiano se juega por el derrocamiento de estos presidentes para poner fin a los procesos democráticos en el vecindario, a los que tilda de apoyar al terrorismo y el narcotráfico, con lo que hace el papel de perro de presa del sector más recalcitrante del imperialismo; dos, Uribe no calcula que tiene “rabo de paja”, el relación con el narcotráfico, el paramilitarismo, los “falsos positivos”, la violación de los derechos humanos, los compromisos adquiridos con los países latinoamericano tras la agresión a Ecuador.

Como es de prever, la gira latinoamericana será un fracaso más. Lo que, naturalmente, tiene sin cuidado al gobierno colombiano, empeñado obsesiva y paranoicamente, en la reelección de Uribe. El único camino digno es abandonar el aventurerismo guerrerista que busca trasladar al exterior la crisis interna. Una guerra internacional sería la hecatombe que necesita Uribe para asegurar su reelección, por encima de los impedimentos institucionales.

¿Por qué el gobierno no publica el texto del “tratado”, por qué no es “transparente”, qué quiere ocultar? ¿Por qué tánto secreto? ¿Cuáles son los efectos para el pueblo colombiano? ¿Qué pasa con la impunidad de los militares yanquis en Colombia?
¿Por qué Estados Unidos no da explicaciones? ¿Por qué callan Obama y el departamento de Estado, no es un acuerdo bilateral?

¿Por qué el presidente de Colombia se embarca en un “trabajo sucio” pensando en su interés personalista, en abierto desprecio por el país que representa? ¿Por qué no pensar con cabeza propia y exigir respeto a los gobernantes que tratan a Colombia como una finca y a los colombianos (as) como sus peones?

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